Noticias de:
Geopublicidad.-
| Se están perdiendo las estrellas del cielo |
|
|
|
Ésta es producida por los sistemas de iluminación artificial destinados al alumbrado de las calles, edificios, monumentos y avisos publicitarios, etc. Debido al diseño de las lámparas convencionales, más del treinta por ciento del flujo luminoso emitido por las mismas llega directamente al cielo. Esta luz es desperdiciada y, además de contaminar el cielo nocturno, representa un gasto energético y económico injustificado.
El efecto más evidente producido por la contaminación lumÃnica es la iluminación artificial del cielo nocturno. En los centros poblados y ciudades, donde por razones se utilizan grandes cantidades de luminarias, el cielo se torna muy luminoso. En estas condiciones, sólo son visibles las estrellas más brillantes, algunos planetas y la Luna, habiéndose destruido la majestuosidad del cielo natural. De esta manera, la VÃa Láctea y estrellas débiles desaparecen inexorablemente, diluidas en un cielo artificialmente iluminado.
Existen razones culturales, ambientales, sociales y económicas para preservar el cielo nocturno. Todas ellas claman por la conservación de las condiciones naturales de oscuridad del cielo y por un uso racional de los sistemas de iluminación artificial. La contemplación e influencia del cielo nocturno es evidente en todas las culturas. De la astrologÃa a la fÃsica moderna, pasando por las artes y la religión, todas las interpretaciones sobre el origen y evolución del universo han sido posibles gracias a la observación y al estudio del cielo, incluyendo el mismo origen del hombre, de la vida sobre la Tierra y de las posibles civilizaciones alienÃgenas en otros planetas. Es muy probable que incluso nuestra supervivencia dependa de la observación del cielo, pues se cree, por ejemplo, que los dinosaurios se extinguieron a causa del impacto de un meteorito contra nuestro planeta. También es importante recalcar que la mayorÃa de los ciclos biológicos están regulados por la alternancia del dÃa y la noche. De manera que, tanto para los seres humanos como para los animales, la noche es natural e indispensable.
No hay forma de justificar el desperdicio energético y económico que representa un sistema ineficiente de iluminación pública, ya que todos los ciudadanos pagamos la electricidad necesaria para su funcionamiento. Los astrónomos se cuentan entre los primeros defensores de las condiciones naturales del cielo. Si bien esto es fácilmente comprensible, en ocasiones se ha malinterpretado la posición de estos cientÃficos como muy radical, a tal punto que la mayorÃa de las personas piensan erróneamente que los astrónomos quieren dejar a las ciudades en la oscuridad total, para poder asà realizar sus delicadas observaciones. Un primer paso en la reducción del grado de contaminación lumÃnica consiste en evitar que la luz llegue directamente al cielo. Para ello es indispensable colocar viseras adecuadas en el cabezal que sostiene la fuente de luz para que ésta se refleje hacia el suelo, obteniéndose, al mismo tiempo, mayor iluminación y la eliminación del desperdicio contaminante de luz hacia el cielo. También es importante seleccionar el tipo y la potencia de la lámpara de acuerdo al objeto a iluminar. Los edificios, monumentos y señales de tránsito que necesariamente requieren ser visibles en las horas nocturnas, deberÃan ser iluminados desde arriba hacia abajo. En el fondo, estas sencillas medidas son ya capaces de contener los efectos perjudiciales de la contaminación lumÃnica a pequeña y gran escala, ahorrando, simultáneamente, gran cantidad de energÃa y dinero. Además, nos devolverán algo que no tiene precio: ¡las estrellas de la noche! Desde ahora nuestra consigna debe ser: ¡iluminemos el suelo, no el cielo!.Publicado el: 01-07-09 |
Noticias de EcologÃa
| ¿Qué pasa si la temperatura sube 4ºC más? |
| |
| Leer más... |



No hay forma de justificar el desperdicio energético y económico que representa un sistema ineficiente de iluminación pública, ya que todos los ciudadanos pagamos la electricidad necesaria para su funcionamiento. Los astrónomos se cuentan entre los primeros defensores de las condiciones naturales del cielo. Si bien esto es fácilmente comprensible, en ocasiones se ha malinterpretado la posición de estos cientÃficos como muy radical, a tal punto que la mayorÃa de las personas piensan erróneamente que los astrónomos quieren dejar a las ciudades en la oscuridad total, para poder asà realizar sus delicadas observaciones. Un primer paso en la reducción del grado de contaminación lumÃnica consiste en evitar que la luz llegue directamente al cielo. Para ello es indispensable colocar viseras adecuadas en el cabezal que sostiene la fuente de luz para que ésta se refleje hacia el suelo, obteniéndose, al mismo tiempo, mayor iluminación y la eliminación del desperdicio contaminante de luz hacia el cielo. También es importante seleccionar el tipo y la potencia de la lámpara de acuerdo al objeto a iluminar. Los edificios, monumentos y señales de tránsito que necesariamente requieren ser visibles en las horas nocturnas, deberÃan ser iluminados desde arriba hacia abajo. En el fondo, estas sencillas medidas son ya capaces de contener los efectos perjudiciales de la contaminación lumÃnica a pequeña y gran escala, ahorrando, simultáneamente, gran cantidad de energÃa y dinero. Además, nos devolverán algo que no tiene precio: ¡las estrellas de la noche! Desde ahora nuestra consigna debe ser: ¡iluminemos el suelo, no el cielo!.
Dramáticas proyecciones sobre el calentamiento global presentadas por un panel de cientÃficos durante una conferencia en la Universidad de Oxford, Inglaterra, despiertan temores por las severas consecuencias que esto podrÃa tener para América Latina y en particular para el Amazonas.
En julio hubo récord de temperatura en los mares, según la Agencia Meteorológica de Estados Unidos. El promedio fue de 16,99 grados.
CientÃficos en Japón desarrollaron una nueva planta de arroz a la cual le crecen tallos similares a un esnórquel, o tubo de buceo, cuando se lo expone a niveles altos de agua.